Nutrigenómica: la relación entre tu dieta y tu ADN
La propuesta es cautivadora: un análisis de ADN, microbioma o glucosa en tiempo real que te indique tu dieta, cuándo y cómo para optimizar tu rendimiento, aumentar tu energía y reducir enfermedades. La ciencia de la nutrigenómica y la nutrición de precisión avanza rápidamente, pero aún no es un oráculo. A continuación, exploramos qué es real, qué está en fase experimental y cómo se está desarrollando el tema en América Latina.
Durante años, la nutrición se fundamentó en promedios: la conocida “dieta ideal” que supuestamente funcionaba para casi todos. Hoy en día, sabemos que eso era, en el mejor de los casos, una simplificación conveniente. Investigaciones recientes sobre nutrigenética y nutrigenómica son contundentes: las variaciones genéticas afectan nuestra respuesta a los nutrientes, el riesgo de obesidad, diabetes o enfermedades cardiovasculares, y la efectividad de ciertos enfoques dietéticos en individuos específicos.
Un estudio de 2024 realizado por Hanaa H El-Sayed y Rania T Saleh, que revisa los avances en nutrición de precisión aplicada a la obesidad, resume la situación así: no existe una “dieta universal”, pero sí patrones genéticos y metabólicos que pueden hacer que algunas personas respondan mejor a ciertos tipos de intervención (por ejemplo, una reducción más drástica de azúcares simples) que otras. Otro análisis reciente publicado en el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, destaca algo similar: los polimorfismos genéticos explican en parte por qué algunas personas engordan o desarrollan resistencia a la insulina con la misma dieta que en otros resulta inofensiva… lo que abre la puerta a tratamientos y recomendaciones más personalizadas.
El desafío es que, aunque comprendemos cada vez mejor los mecanismos, trasladar el conocimiento del laboratorio al mundo real sigue siendo complicado. La mayoría de las enfermedades metabólicas son poligénicas —involucran múltiples variantes— y están influenciadas por el entorno: sueño, estrés, actividad física, acceso a alimentos y medicamentos. Tu ADN narra una parte de la historia que es igualmente importante: tu estilo de vida.
Si consideras la nutrición de precisión como una cebolla, encontrarás tres capas principales: genética, microbioma y fenotipo en tiempo real.
En la capa genética, diversos estudios demuestran cómo ciertas variantes modulan, por ejemplo, la sensibilidad a grasas saturadas, la respuesta a carbohidratos o la eficacia con la que metabolizas vitaminas como el folato o la B12 (cobalamina). Entre la población mexicana, una revisión de 2025 titulada “Genómica nutricional en población mexicana. Un enfoque para prevenir el desarrollo de enfermedades metabólicas asociadas a la obesidad”, recoge múltiples casos de interacción gen-nutriente relacionados con obesidad y trastornos metabólicos: el mismo patrón de dieta puede tener efectos muy diferentes según el conjunto de variantes que posees.
La segunda capa es el microbioma. Tu intestino alberga miles de millones de bacterias que transforman los alimentos que consumes en metabolitos con efectos medibles: desde inflamación hasta producción de vitaminas o regulación de la glucosa. Estudios que combinan datos de microbioma, metabolómica y nutrición han demostrado que dos personas pueden tener respuestas glucémicas completamente diferentes a la misma comida, en parte debido a las diferencias en sus microbios.
La tercera capa está compuesta por los monitores continuos de glucosa (CGM) y otros sensores en tiempo real. Aunque fueron diseñados para personas con diabetes, cada vez más personas sanas los utilizan para observar cómo sus niveles de azúcar responden a un pan de bolillo, una pasta o incluso a una noche de insomnio. Investigaciones con adultos sin diabetes documentan una gran variabilidad en la respuesta glucémica posprandial a comidas estándar, lo que refuerza la idea de que la misma dieta no tiene el mismo efecto para todos.



